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domingo, 14 de diciembre de 2008

Apareciste otra vez

No sé qué fue el viernes, y aunque la pasé muy bien, no sé si fue muy bueno verte. Tuve que luchar contra mí mismo otra vez, tuve que sentir una explosión en mi corazón al verte (pum! pum! pum!), tuve que de nuevo sorprenderme, y en tu mirada otra vez perderme. ¿Qué hacías ahí?, no es que no haya querido verte, sino que estaba demasiado sorprendido, demasiado cohibido; no sabía que decir. He pensado mucho, no sé, otra vez, no sé; no se nada, otra vez, no sé nada. Vi tus ojos y sonrojé, me miraste y sonreí, eso haces en mí, haces que me sienta feliz, pero ¿será bueno todo esto para mí?.
Te vi y me sorprendí, me sonprendió encontrarte; no sabía como mirarte, no sabía como reaccionar, qué decir, qué pensar, no sabía nada y sigo sin saber... sin saber qué es lo que pienso, sin saber qué quiero transmitir con esto, sin saber cómo me siento. Tan confuso, tan ambiguo, tan extraño, tan bizarro.

Y me pregunto otra vez: ¿Qué se supone que debo hacer?

martes, 9 de diciembre de 2008

Lo que sentí cuando te vi

Hoy me sentí tan feliz,
sentí ganas de reír,
sentí ganas de vivir,
fue porque hoy te vi.

Hoy sentí las ganas impotentes de saltar,
saltar al vacío, sin miedo alguno,
sabiendo que no podría morir,
fue ahí cuando te vi.

Hoy me he sentido alegre y triste,
más lo primero que lo segundo,
pero aun así,
me sentí feliz cuando te vi.

Hoy escuché música,
música que traía recuerdos,
música que me hacía bailar,
fue ahí cuando te ví.

Hoy he sonreído más de la cuenta,
he visto pasar mi vida frente a mis ojos,
he visto recuerdos muy buenos,

todo eso porque te vi.

Y de pronto abrí los ojos,
ya no estabas ahí,
todo pasó tan rápido,
fue ahí que ya no te vi.

lunes, 8 de diciembre de 2008

I.E.P.N°86624 – Shillcop

Lo siguiente es una experiencia de mi hermano, primo, sobrino, amigo y muchas cosas más que faltaría espacio poner para poner. Aquí les va y estoy seguro que les gustará tanto como a mí:

Lo que les relataré en unos segundos no pretende invitarlos a compartir algo de sensibilidad ni mucho menos de reflexión. Sin embargo, si así sucediera, en hora buena.

El lugar donde sucedieron los hechos, el I.E.P.N°86624-SHILLCOP, o bien Institución Educativa Pública Número: ocho - sesenta y seis- veinticuatro, del pueblo de Shillcop, en Huaraz. Aquel año, el 2006, el Colegio Champagnat había determinado que el destino “educativo”, más turístico, para los alumnos de cuarto de secundaria, sería aquella ciudad de montes congelados, de ciudades sepultadas, de cordilleras andinas. Emocionado, me apresuré a fijar documentos y pagos con la anticipación que se me permitió, no solo porque siempre anhelé conocer la impecable nieve, escalar un nevado (aunque pequeño) y vivir excesivamente abrigado y agitado por la altura, sino porque así añadiría una más a mi lista de ciudades de la Sierra Peruana conocidas y una menos a mi lista de ciudades del Perú por explorar.

Un par de meses adelante y ya en camino, en el autobús, estábamos todos listos para ser recibidos por el frío y seco clima que seco y frío nos esperaba. Recuerdo los distintos ánimos y expectativas nuestras expresadas en cada preparativo. Yo fui, como siempre, recargado de elementos que me permitirían exprimir y hacer un nutriente jugo de lo que conocería allá, como mis potentes binoculares, mi cámara digital, mis zapatillas especiales para terrenos hostiles, mi casacón-alerta (una casaca gruesísima y de un color muy encendido que según mi Papá, quien la compró, evitaría que me pierda en la nieve), etc. Me encanta visitar la Sierra, admirarme de sus imágenes y de su vida, aprovechar cada detalle en cada lugar donde haya algo interesante que sentir y más aún si es un clima, un entorno nuevo que no he vivido antes. Por otro lado, algunos individuos van equipados para competir por la copa mundial en sus Play Station portátiles; vociferar las denigrantes letras de Reggeaton que les reproduce su Ipod; ellas para decidir con cuál de los veintidós conjuntos de ropa (para un viaje de tres noches y cuatro días) le caerán a qué chico (porque en un viaje “de heechoo nos juergueamos ricooo”), y por último aquellos/as que no esperan por llegar al “pituuuco” hotel por el que están pagando (sus padres).

Bueno, más adelante, ya instalados en el “pituuuco” hotel, que para mi agrado y respiro era muy rústico y campestre y nada ostentoso ni falso, era hora de cumplir con nuestro primer destino en Huaraz, el tour de la ciudad. Los carros que nos llevarían ya nos esperaban estacionados. Francamente esta primera visita no me apetecía tanto como las que vendrían los siguientes días, pero todos parecían interesados en el tour de la ciudad pues podrían descansar del largo viaje, paseándose por las plazuelas, comprándose algo en alguna tiendecilla. Sin embargo, no era aquel nuestro primer rumbo. En el carro, la voz de algún profesor nos advirtió una sorpresa, una primera parada.

Enseguida nos adentramos hacia algún pueblo, distanciándonos de los caminos que nos llevarían al centro de la ciudad. No se me ocurría qué tipo de sorpresa nos podrían haber preparado pero me pareció interesante, entonces impaciente, esperé sentado. El carro sobreparó al lado de una cabaña un tanto amplia. Los demás carros hicieron lo mismo, detrás del nuestro. Y un letrero verde, con la palabra escrita en blanco, Shillcop.
Escuché un par de voces quejumbrosas, “puta, alucina que lo único que me afana es Pastoruri, ¿para qué nos traen acá?” Escuché un par de voces decepcionadas, “ayy pensé que nos íban a llevar a ver un show o algo así”. Escuché mi voz y no escuché, yo no sabía de qué se trataba. Evidentemente visitaríamos la cabaña, pues no había nada más alrededor que paisajes. Luego me percaté de otro cartel, que explicaba la función de la cabaña: “I.E.P.N° 86624, INSTITUCIÓN EDUCATIVA PÚBLICA. Nos bajamos y nos explicaron que visitaríamos a las clases de 1ero y 2do grado, junto a los profesores. Nos exigieron respeto y buena disposición. Apenas entré, me maravillé.
En su gastadísima e ininteligible pizarra oscura estaba escrito con tizas de colores “BIENVENIDOS COMPAÑEROS”; dos niños nos colgaban en el cuello unos carteles hechos a mano, con la fotografía de su pueblo en ellos y el nombre de su modesta escuela. De pronto sentí que todo se aceleraba, todo pasaba más rápido. De pronto estábamos todos nosotros, limeños acomodados, frente a un gran grupo de niños y adolescentes y profesores huarasinos, sentados sobre las mesas y sillas viejas y enclenques sobre las que ellos suelen aprender a leer, a escribir, a su avanzada edad. De pronto unos niños nos bailaban danzas conocidas tan solo por ellos, nos cantaban y recitaban poesía en su idioma y en el que aprendían (el nuestro), nos actuaban y con tanta energía, con tantas ganas, con tanta alegría. Era un extraño contraste el que yo percibía, viéndolos y viendo sus condiciones de vida, de estudio, sus ropas repetidas, su escaso desarrollo (físico e intelectual pues muchos no podían aparentar su edad) y el entusiasmo con el que nos regalaban esos momentos, ese tiempo de ensayo, ese tiempo suyo.

Terminando la presentación, un profesor me eligió para pasar al frente y agradecerles en nombre de la promoción y del colegio. Lo hice, me paré frente de todos y les expresé nuestro agradecimiento, felicité a los profesores y en mi mente quería disculparme por no haberles entregado lo mismo, por no haberles traído un espectáculo, o libros, o lápices, o ropa, o la simple energía con la que ellos nos recibieron en su recinto. Yo me preguntaba por qué nos habían hecho eso, ¿qué razón tenían? Ninguna. Eran ellos y sus corazones de Sierra, ellos y su humildad, su cariño nato y sinceridad. Por alguna razón estaba molesto, indignado conmigo, pero esa indignación se esfumó en el momento que nos despidieron con un postre preparado por sus propias manos: mazamorra de calabaza en vasitos de tecnopor, y junto con el dulce, un niñito hecho de papel de color y palitos de helado. Tuve que salir del lugar para no mostrar mis lágrimas de impotencia o resentimiento o vergüenza, y en ese momento me cuestioné tantas cosas sin llegar a responderme.

De toda esta experiencia pienso en nuestra indiferencia. Me comparo con el niño que me entregó el postre y el recuerdo y no logro entender por qué no disfruta de mis posibilidades, de mis capacidades, me pregunto si algún día lo hará y mi respuesta no me agrada. Es cierto que en nuestro país el turismo es un principal exponente. El problema es que no estoy seguro si los destinos turísticos más publicitados son los indicados.

GONZALO DEL AGUILA

sábado, 6 de diciembre de 2008

Una noche olvidada, para olvidar

Mucho alcohol, ya no más por favor. Ya van como 4 botellas de cerveza, 3 de whisky, un vaso de ron y un shot de tequila, ya no más por favor. Mi cabeza no da para tanto, mi cuerpo tampoco. Tengo 38 cigarros en mi bolsillo, todos para mí. Mucho rock and roll, algo del fastidioso reggaeton, y un poco de la buena salsa para amenizar. La gente inconsciente, la gente imprudente, la gente demente, buscando motivos para olvidarnos de todo, para no llorar, para no reír. Palabras de melancolía y algunos sabores extraños, un poco más de tequila, ¡qué difícil es subir peldaños!; sigo bebiendo, sigo contento, sigo sintiendo y también sonriendo. Un poquitito más de ron. ¡Cuánto alcohol, por Dios! Volteo y veo, veo una estrellada, qué raro, un seco de cerveza para terminar con mi cabeza. Mucho amor por todas partes, personas abrazándose y besándose. Ya no puedo más, pero no quiero llorar, tan solo quiero poder gritar, poder cantar. Quiero pensar, quiero sentir que el mundo es solo para mí. Y lo es, siempre lo ha sido. Prendo un cigarro, y me doy cuenta lo rápido que el tiempo ha pasado. Pienso, y luego entiendo... se acabó.

Un rato después, yo... por ahí, creo. Aislado de todo, echado, mirando las estrellas... las estrellas. Luego de eso, pocos recuerdos, algo de contratiempos. Tan solo olvidar al siguiente momento.

martes, 2 de diciembre de 2008

La miro y pienso

Yo la miro,
no la dejo de mirar.
Yo la miro,
sus ojos verdes me cautivan.

Yo la miro,
la miro por tentación,
por capricho.

Yo la miro,
y me quedo pensando,
pensando en que pensará.

Frente a un vaso,
sigo pensando,
pensando en lo que pasará.

Tan solo soy un niño,
que piensa,
que piensa así.

Sé que lees esto,
y sé que sabes,
que sabes que es para ti.

jueves, 27 de noviembre de 2008

Pensamientos fugaces

De vez en cuando suelo sentarme a pensar, prender un cigarro, cerrar mis ojos, no decir nada y escuchar al mar. Ver una luz a lo lejos, reflejada, y tan solo pensar y pensar.

Camino solo -a veces- por el malecón, camino solo por un rincón, esperando que el tiempo pase, así como pasa la noche, como los carros pasan, los animales, las bicicletas que veo mi alrededor, merodeando sin razón aparente, inventando motivos para engañar a sus mentes.

De vez en cuando me asusta ver la oscuridad, me asusta pensar, me asusta soñar, nunca se sabe lo que se puede encontrar en los rincones de la soledad, ¿qué será? tengo miedo al tiempo, es tan sólo un entretiempo, un pasatiempo, un respiro al viento.

Cuando vivo, sueño y cuando sueño, vivo; la vida es sueño y los sueños, sueños son. Sueño, sueño, siempre ando con sueño y soñando, con la luna en la cabeza y/o viceversa, aún no se si uno más que el otro.

Caminando, sigo caminando, sigo pensando, con miedo, pero sigo andan
do. No importa, nada importa, solo yo, solo tú, solo nosotros. Acompañame a soñar, a volar; tal vez contigo todo sea más fácil, o más difícil.

De vez en cuando no duermo, no pienso, no siento, me siento y solo observo.

martes, 25 de noviembre de 2008

Sin saber qué pensar...

Piensa en el cielo,
piensa en las estrellas,
en la luna y los astros.
Piensa en lo efímero de la vida,
piensa en banalidades,
piensa es cosas artificiales,
o tal vez superficiales.

Piensa en mis ojos,
en lo mucho que brillan,
en cómo te miran.
Piensa muchos momentos,
míranos cuan contentos,
tan solo sonriendo.

Piensa, no pienses,
piensa en todo y en nada,
piensa en mí.